16 ago. 2012

El rostro del arrepentimiento

No me mires así. Por favor, deja de mirarme. No puedo soportarlo.
Sí, sé que cometí un error. Pero deja de recordármelo, te lo suplico. No quiero volver a evocar lo que hice. Nunca. Quiero enterrarlo tan profundamente que nadie lo pueda descubrir jamás.
Por favor, déjame hacerlo. Si lo oculto, quizás, con el paso de los años, consiga ocultármelo a mí misma. Es lo mejor a lo que puedo aspirar.
Pero si sigues mirándome así, no podré. Es una tortura. Por favor, para. ¡Para!
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Un grito sacudió la habitación. La mujer que se hallaba en el piso de abajo entró en el cuarto de su hija corriendo y la encontró en el suelo, con el puño ensangrentado. Las grietas se extendían a través del espejo de la habitación como finas patas de araña.

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