17 ago. 2012

I'm a wallflower.

A veces pienso que no pertenezco a este mundo. Me siento diferente. Soy diferente.

Cuando me tratan como si fuera diferente, me hace daño. Porque pienso que, en realidad, no soy tan distinta. Pero cuando me tratan como si fuera igual que los demás, poco a poco un sentimiento de angustia se apodera de mí. Repta por mi garganta y hacia mis ojos, y llega un momento en el que no puedo evitarlo y lloro. Dejo que las lágrimas surquen mi rostro y me hundo en mi propia soledad.
¿Por qué? Porque, aunque lo intente, no soy como ellos. Mis gustos, mis opiniones... muy pocas veces coinciden con lo que se espera de una adolescente normal.

Sé que no es malo. Simplemente veo cosas que otros no ven, aprecio cosas que otros ni siquiera advierten y comprendo. Comprendo. Quizá más de lo que debería.

Pero me veo obligada a callármelo. Porque, si lo digo, será como si pusiera un cartel de neón sobre mi cabeza. Porque todas las miradas se dirigirían a mí y podría leer la verdad en sus ojos. Que soy diferente.

Y es la realidad. Soy diferente. Lo sé. Y no es algo malo. Estoy orgullosa de ser cómo soy, ver lo que veo y comprender lo que comprendo.

Pero ser diferente es duro. Sobre todo cuando eres consciente de lo diferente que eres.

Lo único que conseguiría facilitar la carga sería encontrar a gente como yo. Gente que, aunque me parezca increíble, existe. Más allá de este lugar. Más allá de todas las convenciones de la sociedad, del típico modelo adolescente.

Sé que hay gente diferente por ahí fuera. Y sé que, tarde o temprano, los encontraré. Y, en ese instante, encontraré mi hogar. Porque sé que no puedo ser la única wallflower del mundo.

You’re a wallflower. You see things. You keep quiet about them. And you understand.

1 comentario:

  1. Y no lo eres. Los wallflowers tenemos que apoyarnos entre nosotros y has de saber que yo siempre estaré aquí, a un tiro de piedra (o lo que es lo mismo: a un tweet) de distancia.

    ¡Un beso!

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